Yo sobreviví
al COVID-19

Murmullos Radiantes · Yo sobreviví al COVID-19

Salir de esta caverna hacia la LUZ. Yo sobreviví el Coronavirus

Friday, May 29, 2020

Yo soy uno de esos benditos que sobrevivieron el ataque del coronavirus. Hace unas cuantas semanas estaba convaleciendo, confrontado por el ataque de este virus, que es horrible. Claro que hubo momentos de tensión y hubo momentos de dificultad y ansiedad. Y debe de haberlos, por supuesto, porque estamos hablando de la vida misma, de la muerte, de reconocer cuantísimas cosas que están fuera de nuestro control todos los días, momento tras momento. (Si quieres saber, todo comenzó con dolores musculares como sólo había sufrido luego de correr el maratón de Londres hace años, y temperaturas rondando los 40 grados. Perdí 5 kilos en cuestión de una semana…).

¿Pero qué me sacó adelante en ese trance, al grado de que aquí estoy, bendito sea Dios, disfrutando esta espléndida tarde en mi amada Londres, este sol esplendoroso bañando mi ventana mientras grabo esta conversación contigo? Mi fe. Mi fe en Dios y mi amor gigante por la vida, y el apoyo hermoso y constante de mi familia y mis amigos. Recibí cientos de mensajes de apoyo y hubo gente orando por mí, pidiéndole a Dios por mí y por mi salud en todo el mundo, porque tengo amigos preciosos en todo el mundo, y constatar así su generosidad fue algo maravilloso.

No puedo entrar en más detalles porque tomaría horas hacerlo. Pero quiero extraer, con mis manos callosas de viejo lobo de mar, tres o cuatro joyas de este cofre de mi experiencia con el virus, y aquí van con todo mi cariño.

1. Este es un momento para para salir de nosotros mismos. El confinamiento nos encierra en casa, pero nos empuja a salir de nuestros propios confines. Qué paradoja: encerrados en el silencio (o la locura) de nuestras casas y familias podemos llegar mucho más lejos, mucho más alto o más bajo que hasta ahora. ¿Cuál de las dos opciones será la que elegimos? ¿Vamos a seguir escalando hacia la cima, a lo más alto…o seguiremos cayendo más bajo, lá bas, hasta desaparecer en la negrura al fondo del precipicio? Vamos a apuntarle a lo alto, porque caer es lo más fácil, y no hace falta ni planearlo: todo lo que hace falta hacer para caer es…¡nada! Para caer sólo hace falta dejarse caer. Soltar el volante. Rendirse. Abandonarse. Dejar de luchar. Y por eso no vale la pena perder tiempo hablando siquiera de ello. ¡Vamos a apuntar a lo alto! ¡A puertas cerradas, corazones abiertos!

Este es un momento para que pensemos en otros que están en mayor peligro y necesidad que nosotros. Eso nos va a sacar de nuestro pequeño mundo, de nuestra pequeña visión (como esos tapaojos o anteojera que le ponen a los caballos), de nuestros pequeñas experiencias, y nos va a dar la oportunidad de salir a un espacio interior prácticamente sin límites. (Y mira que sigo hablando en paradojas: que tenemos que “salir…a un espacio interior”). Si esto no nos comunica la urgencia de abrir, extender y catapultar nuestra mente y corazón, ¡yo no sé que va a tener que pasar en nuestra vida para que se nos abra la cabeza! Y lo digo con todo cariño, nos lo digo con todo cariño: ahorita, en este momento, hay miles y diez miles de personas muriendo en el mundo a manos de un enemigo invisible que nadie conocemos, que está más allá de toda ideología, más allá de religión o género, más allá de raza, cultura o idioma, más allá de nuestro nivel económico o nuestros logros académicos, más allá de cualquier cosa que los humanos hayamos ingeniado o dirigido. Este es un implacable enemigo de la humanidad. Lo estoy diciendo literalmente, este es un enemigo de la humanidad…que si no hacemos nada, se va a llevar a 3 cuartos de la humanidad (incluidos tú y yo, que no somos ni Supermán ni Superniña).

Si en este momento no tenemos la latitud mental, emocional y espiritual, el cerebro y el corazón para pensar en la humanidad y no sólo en nosotros mismos, para sentirnos y sabernos parte de algo mucho más grande, mucho más complejo, mucho más sublime que nosotros mismos… ¡yo no sé qué va a tener que pasar para que abramos los ojos, la cabeza, el corazón! Espero que no sea el caso, y por eso digo con todo cariño: este es un momento para salir de nosotros, pensando en aquellos que están en mayor peligro y necesidad que tú y que yo, en países más pobres que el nuestro, en situaciones mucho más desesperadas que la nuestra; en familias violentas y tóxicas muy distintas a la nuestra… Imagínate qué duro que todos estamos encerrados en casa…pero qué tal, ¿qué hacemos con todos esos niños y niñas en familias violentas, corruptas, adictas a la droga, al alcohol, a los abusos? Todos esos niños y niñas para quienes su familia es su mayor desgracia y su mayor peligro, ¡cuando debería ser su mayor fuente de vida, su oasis al final del día, su refugio! Hay tantas familias podridas, disfuncionales, abominables en todo el mundo en que es en casa donde están los mayores criminales, el mayor peligro, el mayor abuso y violencia para tantos niños, para tantos minusválidos y personas vulnerables, para tantos ancianos, para tantas mujeres, para tantos hombres también, porque es mucho también el abuso de mujeres a hombres, porque el poder corrompe también a las mujeres…

Este es un momento para que pensemos en ellos y oremos por ellos cada día, y hagamos todo lo que esté en nuestro poder y talento para proteger a tantos indefensos encerrados por el virus.

Yo oro y no me avergüenza en absoluto dirigirme directamente al Jefe, directamente a Dios, sin dar más vueltas. Tú dices: “oh no, lo que tienes que hacer es meditar; mándales buenas vibras…” ¡lo que tú quieras, lo que tú quieras, pero piensa en ellos! Eso nos va a sacar de nosotros mismos y de nuestra pequeña paranoia y melodrama personal.

2. Anima, anima… “ánima” quiere decir “alma”, “aliento”, “soplo de vida”… Infúndeles aliento de vida a todos aquellos con quienes tienes contacto. ¿Sabes que este es el papel de Dios en la creación? Crear y luego infundir vida con su soplo a esa creación. Los cristianos creemos que la humanidad entera fue creada a “imagen y semejanza” de Dios, y por lo mismo compartimos, somos partícipes de la imagen y semejanza DE DIOS MISMO. Y POR LO TANTO tenemos el don y la responsabilidad de darle vida a otros en torno nuestro. ¡Qué locura que Dios en Su descabellada y desjarretada bondad nos haya hecho tan semejantes a Él que tenemos -y por ello mismo entendemos y apreciamos- muchos de los atributos de Él mismo, como crear, como infundir aliento y con ello darle aliento de vida a alguien más! Que aquellos que nos rodean se sientan inspirados, entusiasmados, reconfortados cuando hablan con nosotros. Si no es así, perdimos el juego, fracasamos. Perdimos nuestra oportunidad de demostrar nuestra naturaleza divina, de darle a alguien algo más, de infundirle “alma”, “aliento”, vida a alguien más. De convertirnos en sanadores, y no destructores. Hagamos que vuelvan a su casa con nuestro precioso regalo de vida en sus manos.

3. Simplifiquemos nuestras vidas. Tal es la tercera idea: sí, este es el momento de simplificar nuestra vida para hacerla más productiva. Así como hay que podar las plantas para que den más y mejores flores, así hay que podar frecuentemente nuestra vida, nuestros hábitos, nuestra dieta, nuestras lecturas, nuestras distracciones, nuestras relaciones, para que demos más y mejores flores. Hay que descartar todo lo que nos está atrofiando y empequeñeciendo, todo lo que nos está parasitando. Desde dietas y distracciones hasta posesiones y relaciones. Si no es sano, se va. Si es un parásito que nos está debilitando, se va. ¿Y cómo saber qué nos está parasitando? Muy sencillo. Preguntémonos cada uno: “Si hoy me muriera…qué quedaría de mi?” Y luego, “¿Qué es aquello de mí que me avergonzaría que la historia futura supiera?”

Esta no es una pregunta retórica ni mucho menos ociosa. Es una pregunta que yo me hice muy recientemente, y con urgencia vital. Yo estuve en los albores -¡en los albures!- de esta extrema realidad existencial apenas unas semanas atrás, gracias al virus. La pregunta del millón de dólares -que si respondemos bien nos va a redituar muchísimo más que un millón de dólares- es “¿qué tal si me muriera hoy?” “¿qué queda de mí -qué queda de mí- si muero hoy? ¿y qué estoy arrastrando, qué me ha detenido hasta aquí de buscar lo que realmente me toca a mí buscar, lo que realmente necesito hacer en la vida; cuál es mi misión, de qué se trata mi existencia, mi paso por este mundo? ¿en que estoy perdiendo el tiempo? ¿Medios sociales, televisión, chismografía, pornografía, ideologías podridas, odios y otras tonterías? ¡Ahora es el momento de limpiar! Simplifiquemos nuestras vidas; limpiemos nuestra mente, nuestro corazón, nuestro espacio físico y nuestro cuerpo de todo aquello que no es sano y provechoso. Tenemos una hermosa oportunidad de hacerlo hoy. Como los marinos en mares agitadas por una gran tormenta, ¡estamos tirando por la borda del barco todo el lastre, porque de otra manera nos hundimos! Ahora es cuando hay que ir por cada cuarto, cada repisa, cada cajón de la casa y pensar: “esto, la verdad, ya no me importa”; “esto realmente no me sirve”; “esto ya no me sirve más, aunque me sirvió mucho en su momento”; “esto es algo que siempre pensé que algún día podría necesitar, ¡pero ya no!”…¡Ahora se va! ¡Este es el momento de hacer toda esta limpieza! Y permíteme que cante ya nomás otra ranchera con todo cariño para concluir…

4. Salgamos de la caverna ¡hacia la Luz!

¿Recuerdas el mito de la caverna de Platón? Hay un grupo de hombres encadenados que han estado viendo siempre al fondo de una caverna, y todo lo que ven y reconocen son las sombras reflejadas en el fondo de la caverna. Pero un día uno de ellos voltea y ve hacia la entrada -no al fondo, como todos, sino hacia la entrada de donde proviene la luz… y se queda deslumbrado por la luz? Esa mismísima luz que brilla a la entrada de la cueva, y gracias a la cual hay sombras, esas sombras que los miembros de su grupo, su tribu, su mundo reducido, han podido ver. Las sombras que los habitantes de la caverna toman por todo lo que es real (¡oh, estoy pensando ahora mismo en un millón de pseudocientíficos que creen que todo lo que existe es aquello que ellos pueden replicar en un laboratorio!)

El Covid-19 nos ha obligado a refugiarnos en esa caverna tan familiar que es nuestra propia casa. Ah, pero en este momento tenemos que estar pensando: “¡en cuanto yo salga de esta caverna -de este encierro en mi propia casa- voy a ser una persona mucho más completa; una persona mucho más consciente; una persona mucho más profunda que hasta hoy!” “¡cuando yo salga de esta caverna voy a ser otra persona! ¡No voy a salir de aquí igual que como entré! ¿En qué he estado perdiendo mi tiempo, desperdiciando mi vida, mi talento, mi energía, hasta hoy?” Este es un momento histórico precioso para cambiar, para crear y transformar, ¡para producir!

Mira qué curioso que nos creíamos libres hasta que llegó el Covid-19 y nos obligó a encerrarnos. Mmm… ¿pero qué tal si fuera precisamente todo lo contrario? ¿Qué tal si este “encierro” o cautiverio fuera nuestra liberación, nuestra mejor oportunidad de florecer cuando volvamos al aire libre? Y cuando las cosas se pongan difíciles y exasperantes, imaginemos que somos Robinson Crusoe y que vamos a salir de esta isla transformados por nuestro ingenio, gracias a que aprendimos a adaptarnos a las nuevas circunstancias.

Newton aprovechó un momento en que la peste bubónica asoló a Inglaterra allá en el siglo XVII y él ya no pudo continuar estudiando en la universidad de Cambridge y se tuvo que volver a encerrar en su casa, igual como nos pasó a todos nosotros. Y ESE fue el momento en que Newton acabó de redondear todas sus ideas hasta darnos la ley de la gravitación universal como fruto de sus reflexiones en medio de la peste. Newton acabó de formular esos principios que han sustentado y definido la ciencia y la física modernas justamente en un momento en que tuvo que volverse a la granja de donde él venía, a encerrarse en el campo … y allí, lejos de la prestigiosa universidad de Cambridge, aburrido y seguro que hasta alucinando entre las vacas y borregos, ver la legendaria manzana caer y dejar que su portentosa mente meditara en ese sencillísimo hecho, en aquel silencio del campo hasta entender mejor el universo. Imagínate qué hermoso que nosotros saliéramos de este encierro, de esta caverna de nuestros hogares, con semejante aportación para la humanidad? ¿Y por qué no?

Lo digo sonriendo, pero lo digo con todo cariño y con muy saludable expectativa: ¿por qué no podríamos salir nosotros de este encierro con esa sinfonía, esa novela, esa teoría, esa empresa, ese sueño, ese diseño, esa familia y relaciones que no hemos acabado de completar hasta hoy, “porque no teníamos tiempo”?

Pensemos que Dios mediante vamos a salir de estos días extraordinarios y difíciles que nos tocó vivir como hombres muy distintos, mujeres transformadas, personas y familias potenciadas, catapultadas a alturas que nunca habíamos sospechado antes. Porque está patentemente claro que aunque lo quisiéramos, ni nosotros ni el mundo que conocíamos hasta hoy volveremos a ser nunca lo que éramos hace apenas unas semanas. ¡Ah, pero imagínate qué hermoso que en lugar de ser lo que éramos hace apenas unas semanas, todos podemos llegar a ser alguien mucho más radiante, mucho mejor!

¡GRACIAS, Coronavirus!

Credits

Escrito, presentado y producido por Gabriel Porras, artista profesional de voiceover Música: SIHOUETTE OF TIME’S IDEA, música creada e interpretada por Mid-Air Machine, www.freemusicarchive.org SOFT SHINE ON, pad creada por Mike Russell, MRC.com HORIZON, música creada e interpretada por Josh Leake, Artlist.io